¿Cuándo necesita una persona mayor un geriatra?

¿El geriatra es sólo para personas muy mayores? Descubre cuándo acudir, qué son los síndromes geriátricos y cómo la Geriatría también ayuda a prevenir fragilidad y dependencia.

«Mi padre tiene 82 años, pero está bastante bien. ¿Necesita realmente un geriatra?»

«Mi madre ya tiene cardiólogo, neurólogo y traumatólogo. ¿Qué puede aportar otro especialista?»

«¿Hay que esperar a que una persona sea dependiente para llevarla al geriatra?»

Son preguntas muy habituales. Y detrás de ellas existe una idea que conviene cambiar: la Geriatría no es la medicina de las personas muy mayores ni la especialidad a la que se recurre únicamente cuando aparece una demencia o una gran dependencia.

La Geriatría es la especialidad médica dedicada a comprender cómo envejece una persona en su conjunto.

Y esto cambia bastante la forma de mirar la salud.

Porque cumplir años no consiste simplemente en ir acumulando diagnósticos. Con el envejecimiento cambian el cerebro, el músculo, el equilibrio, el metabolismo, la respuesta a los medicamentos y la capacidad para recuperarnos después de una enfermedad.

Por eso llega un momento en el que saber que una persona tiene hipertensión, artrosis, diabetes y colesterol elevado ya no es suficiente.

Necesitamos saber algo mucho más importante:

¿Cómo está envejeciendo esa persona?

No existe una edad exacta para acudir al geriatra

No hay una frontera mágica a los 65, 70 u 80 años.

Dos personas de 82 años pueden ser completamente diferentes.

Una puede conducir, viajar, hacer ejercicio, manejar sus cuentas y vivir de forma independiente. Otra puede tener problemas de memoria, caminar con dificultad, haber sufrido varias caídas y necesitar ayuda para organizar su medicación. Cronológicamente tienen la misma edad.

Biológicamente y funcionalmente pueden encontrarse a muchos años de distancia.

Por eso en Geriatría nos interesa menos preguntar únicamente «¿cuántos años tiene?» y mucho más conocer qué reserva funcional conserva.

¿Qué hace diferente a un geriatra?

Imaginemos a una mujer de 84 años que tiene hipertensión, fibrilación auricular, osteoporosis, artrosis, insomnio y algunos problemas de memoria.

Puede acudir al cardiólogo por su corazón, al traumatólogo por la rodilla y al neurólogo por la memoria.

Cada especialista puede realizar perfectamente su trabajo.

Pero queda una pregunta sin responder:

¿Quién mira a la mujer de 84 años completa?

¿Quién comprueba si la medicación para la tensión está favoreciendo sus mareos?

¿Quién relaciona esos mareos con las dos caídas que ha sufrido?

¿Quién se pregunta si el somnífero está empeorando la memoria?

¿Quién valora si está perdiendo músculo?

¿Quién comprueba si todavía maneja correctamente su medicación?

¿Quién habla con la familia sobre qué problemas son realmente prioritarios?

Ése es uno de los papeles fundamentales del geriatra.

No sustituir a los demás especialistas.

Integrarlos.

La herramienta fundamental: la Valoración Geriátrica Integral

Cuando un geriatra valora a una persona mayor no se limita a hacer una lista de enfermedades.

Utilizamos una herramienta denominada Valoración Geriátrica Integral.

Significa estudiar diferentes dimensiones que están profundamente relacionadas entre sí: enfermedades, medicación, memoria, estado emocional, movilidad, fuerza, nutrición, capacidad para realizar las actividades cotidianas, situación social y entorno.

Porque en una persona mayor los problemas rara vez permanecen aislados.

Un medicamento puede provocar hipotensión.

La hipotensión puede provocar una caída.

La caída genera miedo.

El miedo hace que la persona deje de salir.

Al moverse menos pierde músculo.

Al perder músculo aumenta todavía más el riesgo de caerse.

Y en pocas semanas un problema aparentemente pequeño puede terminar produciendo una pérdida importante de autonomía.

La Geriatría intenta precisamente ver estas cadenas antes de que sea demasiado tarde.

Los síndromes geriátricos: cuando el problema no cabe en un solo diagnóstico

Hay determinadas situaciones que vemos con tanta frecuencia en las personas mayores que las denominamos síndromes geriátricos.

Son especialmente importantes porque suelen tener varias causas al mismo tiempo y porque pueden ser la primera señal de que una persona está perdiendo reserva.

Caídas

Una caída no debería considerarse automáticamente «normal porque es mayor».

Puede estar relacionada con pérdida muscular, alteraciones del equilibrio, problemas neurológicos, hipotensión, mala visión, determinados medicamentos o una combinación de todos ellos.

Especialmente cuando las caídas se repiten, hay que buscar la causa.

Fragilidad

La fragilidad es una disminución de la capacidad del organismo para responder ante situaciones de estrés.

Una persona frágil puede encontrarse aparentemente estable, pero una infección, una caída o unos pocos días en cama pueden provocar un deterioro desproporcionado.

Detectarla antes de que aparezca dependencia es uno de los grandes objetivos de la Geriatría preventiva.

Sarcopenia

Es la pérdida de masa, fuerza y función muscular asociada al envejecimiento y a diferentes enfermedades.

Puede manifestarse de formas aparentemente inocentes: caminar cada vez más despacio, necesitar las manos para levantarse de una silla, cansarse al subir escaleras o dejar de realizar actividades que antes eran normales.

El músculo es uno de los grandes órganos de la longevidad funcional.

Deterioro cognitivo y demencia

Olvidar ocasionalmente un nombre no significa tener Alzheimer.

Pero repetir continuamente las mismas preguntas, cometer errores con el dinero, perderse en lugares conocidos o dejar de realizar actividades que antes se dominaban merece una valoración.

Cuanto antes sepamos qué está ocurriendo, antes podremos intervenir.

Delirium o síndrome confusional agudo

Es una alteración brusca y fluctuante del funcionamiento cerebral que aparece con frecuencia durante infecciones, hospitalizaciones, cirugías o descompensaciones médicas.

No es simplemente «estar desorientado por la edad».

Es una señal de alarma de que el cerebro está teniendo dificultades para responder a una agresión aguda.

Polifarmacia

No significa únicamente tomar muchos medicamentos.

El problema aparece cuando el tratamiento acumulado deja de estar correctamente adaptado a la persona.

En ocasiones un medicamento que tenía sentido a los 65 años puede necesitar ser reconsiderado a los 85.

Revisar periódicamente la medicación es una de las intervenciones más importantes en Geriatría.

Incontinencia urinaria

Es muy frecuente, pero no debe asumirse automáticamente como una consecuencia inevitable de hacerse mayor.

Puede relacionarse con enfermedades urológicas, problemas neurológicos, movilidad, medicamentos o deterioro cognitivo y merece una valoración adecuada.

Malnutrición y pérdida de peso

Perder peso sin intentarlo en una persona mayor nunca debería banalizarse.

Puede existir una enfermedad detrás, pero también problemas dentales, disfagia, depresión, aislamiento, deterioro cognitivo, efectos farmacológicos o dificultades para comprar y preparar alimentos.

Alteraciones de la marcha y pérdida de movilidad

Caminar más despacio, necesitar apoyo, tener dificultades para levantarse o dejar progresivamente de salir de casa son señales que debemos estudiar.

La movilidad es uno de los mejores indicadores de salud global durante el envejecimiento.

Úlceras por presión y problemas de piel

Aparecen especialmente en personas inmóviles, malnutridas o con dependencia importante.

Su prevención requiere mucho más que cuidar una herida: implica nutrición, movilidad, cambios posturales, control de humedad y valoración de la situación general.

Estreñimiento

Puede parecer un problema menor, pero en personas mayores puede provocar dolor, anorexia, impactación fecal, incontinencia paradójica e incluso favorecer cuadros de confusión.

La dieta, la hidratación, la movilidad y la medicación deben revisarse conjuntamente.

Alteraciones del sueño

Dormir mal no es simplemente consecuencia de la edad.

Dolor, ansiedad, depresión, apnea del sueño, nocturia, demencia y determinados medicamentos pueden alterar profundamente el descanso.

Y añadir sedantes sin conocer la causa puede empeorar las caídas, la memoria y la somnolencia diurna.

Depresión, aislamiento y pérdida de interés

La depresión en una persona mayor no siempre se presenta como tristeza.

Puede manifestarse como apatía, cansancio, aislamiento, pérdida de apetito, insomnio o incluso quejas de memoria.

La salud emocional también forma parte de una valoración geriátrica.

Pero hay algo todavía más importante: no hay que esperar a enfermar

Éste es probablemente el concepto que más me interesa transmitir.

Durante muchos años hemos entendido la medicina de una manera fundamentalmente reactiva.

Aparece hipertensión: tratamos la hipertensión.

Aparece diabetes: tratamos la diabetes.

Aparece una caída: estudiamos la caída.

Aparece dependencia: buscamos ayuda.

Pero en el envejecimiento existe una ventana extraordinariamente importante antes de que aparezca la dependencia.

Y ahí la Geriatría tiene mucho que aportar.

La Geriatría también es prevención

Una persona de 70 años que está bien puede no necesitar tratamiento para ningún síndrome geriátrico.

Pero puede beneficiarse de saber cómo está envejeciendo.

Podemos valorar su fuerza muscular, velocidad de la marcha, equilibrio, nutrición, riesgo cardiovascular, sueño, audición, visión, medicación y función cognitiva.

Podemos detectar una pérdida incipiente de músculo antes de que provoque una caída.

Podemos identificar una hipertensión mal controlada antes de que contribuya a enfermedad cerebrovascular.

Podemos revisar medicamentos que aumentan el riesgo de deterioro cognitivo o caídas.

Podemos detectar problemas de audición que favorecen aislamiento y deterioro funcional.

Podemos intervenir sobre ejercicio, alimentación, sueño, estimulación cognitiva y relaciones sociales.

Es decir:

no tenemos que esperar a perder autonomía para empezar a protegerla.

¿Cuándo aconsejaría especialmente una valoración geriátrica?

Hay momentos de la vida en los que puede resultar especialmente útil.

Cuando comienzan los problemas de memoria.

Cuando aparecen caídas repetidas.

Cuando una persona empieza a caminar más despacio o pierde fuerza.

Cuando ha perdido peso sin proponérselo.

Cuando toma numerosos medicamentos.

Cuando comienza a necesitar ayuda para actividades que antes realizaba sola.

Cuando aparece un cambio de comportamiento.

Cuando ha sufrido una hospitalización y no recupera su situación anterior.

Cuando existen varias enfermedades y resulta difícil decidir qué tratamiento debe tener prioridad.

Cuando la familia empieza a preguntarse si puede seguir viviendo sola.

Y también, algo que a veces olvidamos:

cuando todavía está bien y queremos que continúe estándolo.

Me gustaría transmitir la idea de que el geriatra no es sólo el médico al que acudir cuando una persona mayor empieza a perder autonomía. Es también el especialista que intenta ayudar a conservarla.

Porque a medida que cumplimos años la medicina necesita cambiar de perspectiva.

Ya no importa únicamente cuántas enfermedades tenemos.

Importa cómo pensamos, cómo caminamos, qué fuerza conservamos, qué medicamentos necesitamos realmente, cómo nos alimentamos, cómo vivimos y qué cosas queremos seguir siendo capaces de hacer.

Y alguien tiene que mirar todo eso junto.

Para eso existe la Geriatría.

¿Reconoces a tu padre, madre o familiar en alguna de estas señales?

Una valoración geriátrica integral permite conocer cómo está envejeciendo realmente una persona y anticiparse antes de que aparezca la dependencia. En Geriatra en Casa ofrecemos consulta geriátrica a domicilio en Sevilla y consulta online, adaptadas a cada persona mayor y a su familia.

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Dra. Cristina Garzón Rodríguez Especialista en Geriatría Geriatra en Casa — Sevilla

Hospital San Juan de Dios (Sevilla)

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